POLÃTICA
24 de junio de 2026
Polémica en Mendoza: funcionarios viajaron al Mundial 2026 tras ganar un sorteo de un banco y crecen las dudas éticas
Dos funcionarios del Gobierno provincial participaron de un viaje a Estados Unidos para presenciar el debut de la Selección Argentina en el Mundial 2026 luego de resultar ganadores de un sorteo privado. El caso abrió interrogantes sobre la Ley de Ética Pública y generó cuestionamientos por la relación institucional entre el Estado y la entidad financiera organizadora.
Un viaje que encendió la discusión pública en Mendoza
La presencia de dos funcionarios del Gobierno de Mendoza en el Mundial 2026 no pasó inadvertida y derivó en un fuerte debate político e institucional en la provincia. Se trata del fiscal de Estado, Fernando Simón, y del subsecretario de Relaciones Institucionales, José María Videla Sáenz, quienes viajaron a Estados Unidos tras haber sido beneficiados en un sorteo organizado por una entidad bancaria privada.
El episodio tomó estado público luego de la difusión de imágenes en redes sociales donde ambos funcionarios aparecen en el exterior durante el evento deportivo, lo que aceleró la discusión sobre la naturaleza del viaje y sus implicancias éticas.
El origen del viaje y la comitiva del sorteo
Según la información conocida hasta el momento, los funcionarios integraron una comitiva de aproximadamente 100 personas que accedieron a un paquete que incluía pasajes, alojamiento y entradas para el partido inaugural de la Selección Argentina.
El beneficio habría surgido de un concurso realizado por el Banco Supervielle, abierto a distintos participantes del país. Desde esa perspectiva, el viaje se encuadraría formalmente como un premio y no como una invitación institucional.
La zona gris de la ética pública
Más allá de la explicación oficial, el caso abrió interrogantes en torno a la aplicación de la Ley de Ética Pública de Mendoza, que establece restricciones sobre la recepción de obsequios o beneficios vinculados directa o indirectamente al ejercicio de la función pública.
El punto de mayor sensibilidad política gira en torno a si un beneficio otorgado por una entidad con vínculos contractuales o institucionales con el Estado puede considerarse estrictamente “ajeno” a la función pública, incluso cuando el mecanismo de acceso haya sido un sorteo abierto.
El vínculo institucional bajo la lupa
Uno de los aspectos que generó mayor suspicacia política es el hecho de que, según versiones difundidas en ámbitos administrativos, el banco organizador mantiene o ha mantenido convenios con distintas áreas del Estado provincial.
En ese marco, surgen interrogantes sobre la conveniencia institucional de que funcionarios que eventualmente intervienen —directa o indirectamente— en relaciones con entidades financieras participen de beneficios organizados por esos mismos actores privados.
La discusión sobre la “aleatoriedad” del beneficio
Otro de los puntos que alimenta el debate público es la condición de “sorteo abierto” del beneficio. El hecho de que entre unas 100 personas seleccionadas en el país hayan resultado beneficiados dos funcionarios provinciales reactivó cuestionamientos en el plano político, más allá de la legalidad formal del mecanismo.
Si bien no existen elementos públicos que permitan afirmar irregularidades en la selección, la coincidencia fue suficiente para instalar dudas en el debate mediático y político local.
La justificación oficial y la versión de los involucrados
Desde el entorno de los funcionarios se sostuvo que el viaje fue el resultado de un premio obtenido de manera legítima en un sorteo abierto, desvinculado de cualquier gestión institucional.
En el caso de Fernando Simón, además, se indicó que su participación estaría relacionada con su actividad académica como docente universitario, lo que reforzaría el carácter personal del beneficio y no institucional.
Exposición pública y repercusión política
La situación adquirió mayor visibilidad luego de que un video de ambos funcionarios circuló en redes sociales, generando una rápida reacción en el ámbito político y en la opinión pública provincial.
La exposición del caso reabrió un debate recurrente en la administración pública: los límites entre la vida privada de los funcionarios y las exigencias de transparencia y ética propias del cargo.
Un caso que reabre debates estructurales
Más allá del episodio puntual, el hecho vuelve a poner en agenda la discusión sobre los criterios de transparencia en la función pública y la necesidad —según distintos sectores políticos y jurídicos— de precisar con mayor claridad qué se entiende por obsequio, premio o beneficio indirecto.
En ese marco, el caso se instala como un nuevo capítulo en una discusión más amplia sobre estándares éticos en la administración estatal.
Lo que deja el episodio
Por el momento, no se han anunciado medidas administrativas ni judiciales vinculadas al caso. Sin embargo, el episodio ya generó impacto político y podría derivar en pedidos de informes o revisión de normativas internas.
La controversia, lejos de cerrarse, parece abrir un nuevo frente de discusión sobre la relación entre el sector público y actores privados en contextos de beneficios, viajes y eventos internacionales.
