POLÃTICA
1 de julio de 2026
Despidos en la CNEA: el ajuste llegó al corazón del desarrollo nuclear argentino y desató un fuerte conflicto
La decisión del Gobierno nacional de no renovar decenas de contratos en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) abrió un nuevo frente de conflicto en uno de los organismos científicos y tecnológicos más estratégicos del país. Mientras la administración de Javier Milei sostiene que se trata de una reorganización del Estado que afecta principalmente a personal administrativo, los trabajadores denuncian un proceso de vaciamiento que compromete proyectos sensibles para el desarrollo nuclear argentino.
La medida se conoció en las últimas horas, cuando decenas de empleados comenzaron a recibir la notificación de que sus contratos no serían renovados a partir del 1 de julio. La situación derivó rápidamente en protestas dentro de la sede central de la CNEA, en el barrio porteño de Núñez, y en movilizaciones en distintos centros atómicos del país. Durante la manifestación intervino la Gendarmería Nacional para resguardar las instalaciones, en un operativo que elevó aún más la tensión entre las autoridades y los trabajadores.
El dato que generó mayor controversia fue la cantidad de desvinculaciones. Mientras ATE y otros gremios denunciaron inicialmente que podrían superar el centenar e incluso alcanzar cifras mayores, la conducción de la CNEA afirmó que fueron 61 contratos temporarios que no fueron renovados y negó que la medida alcance a científicos, ingenieros nucleares o personal considerado estratégico para el funcionamiento del organismo.
Según explicó el presidente de la CNEA, Martín Porro, la mayoría de los contratos correspondía a personal administrativo incorporado durante 2023 bajo la modalidad de plazo fijo y la decisión forma parte del proceso de reducción de estructuras impulsado por el Gobierno nacional. Desde la Casa Rosada también remarcaron que no existen, por el momento, nuevas desvinculaciones previstas dentro del organismo.
La versión sindical es muy distinta. La Asociación Trabajadores del Estado (ATE) sostiene que entre los trabajadores afectados existen técnicos, profesionales y personal altamente capacitado cuya tarea resulta indispensable para sostener actividades vinculadas a la producción de radioisótopos para medicina, el desarrollo de reactores de investigación, proyectos de innovación tecnológica y el funcionamiento cotidiano de distintos centros atómicos. El gremio calificó la medida como un "golpe al corazón del plan nuclear argentino" y advirtió que continuará con las protestas para exigir la reincorporación de los despedidos.
La importancia de la CNEA trasciende el debate laboral. Creada en 1950, la Comisión Nacional de Energía Atómica es uno de los pilares del desarrollo científico argentino y tiene un rol central en la investigación nuclear con fines pacíficos, la producción de radioisótopos utilizados en tratamientos médicos, el desarrollo de combustibles nucleares, la formación de recursos humanos especializados y el acompañamiento técnico de las centrales nucleares del país. También participa en proyectos estratégicos como el reactor multipropósito RA-10 y el Centro Argentino de Protonterapia, considerado uno de los desarrollos tecnológicos más importantes de América Latina.
El conflicto también reavivó un debate más amplio sobre el rumbo de la política científica nacional. Desde distintos sectores académicos y legislativos advirtieron que la reducción de personal en organismos especializados podría afectar capacidades técnicas construidas durante décadas, mientras que el Gobierno insiste en que el objetivo es eliminar estructuras sobredimensionadas sin comprometer las áreas estratégicas.
Más allá de la diferencia en la cantidad de desvinculaciones o del perfil de los trabajadores afectados, la discusión dejó al descubierto una tensión de fondo: hasta dónde puede avanzar el proceso de reducción del Estado sin afectar organismos vinculados a la ciencia, la tecnología y el desarrollo soberano. Esa es la discusión que, a partir de ahora, promete instalarse con fuerza en el debate público.
