PROVINCIALES
3 de abril de 2026
La copa medio vacía: el consumo de vino en Argentina cae y se refugia en los segmentos más baratos
El mercado interno vitivinícola registró una caída interanual del 5,5% en febrero. Con un consumo per cápita en niveles mínimos históricos, la crisis golpea con fuerza a los varietales mientras Mendoza se consolida como el último bastión de una industria que se achica.
Por Qué tal tu Día
El vino argentino, emblema identitario que para Mendoza representa el 11% de su Producto Bruto Geográfico, atraviesa un escenario de fragilidad extrema que combina el deterioro del bolsillo con cambios estructurales de consumo. Según el último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), con datos del INV a febrero de 2026, se despacharon 504.918 hectolitros al mercado interno, marcando un retroceso del 5,5% respecto al mismo mes del año anterior.
La caída no es un dato aislado; es el síntoma de una economía donde el "salario disponible" ha sido devorado por la inflación y el aumento de servicios. Los sectores de ingresos medios, motor histórico de la industria, han empezado a ver al vino como un consumo prescindible o suntuario.
El refugio en lo "barato" y el desplome de los varietales
Lo más preocupante de la radiografía actual es la degradación del valor en la góndola. Mientras que los vinos sin mención varietal (los más económicos) lograron sostenerse con un leve signo positivo del 0,6% en el primer bimestre, las categorías de mayor valor agregado se desbarrancan: los varietales cayeron un 10,2% y los espumosos un 7,9% solo en febrero.
Esta "recomposición interna" hacia opciones de menor precio relativo indica que el consumidor no ha abandonado el hábito, pero se ve forzado a "bajar un escalón" en sus preferencias para cuidar el presupuesto. El resultado es una industria que pierde rentabilidad y capacidad de inversión genuina.
Mendoza contra el resto: una concentración alarmante
El mapa nacional de la vitivinicultura muestra una centralización que debería encender alarmas federales. Mendoza ya concentra el 91% de los despachos totales al mercado interno. Mientras la provincia logró un incremento interanual del 5,2% en sus despachos de febrero, sus vecinas viven un calvario: San Juan sufrió una caída estrepitosa del 61,5% en el acumulado del año, Salta un 20,6% y La Rioja un 10,9%.
Competencia externa y el desafío cultural
Al complejo escenario local se le suma una paradoja importada. Aunque el volumen total de importaciones bajó, el ingreso de vinos fraccionados (listos para la venta) se disparó un 339,6%. En un mercado interno que se achica, los vinos extranjeros vienen a disputar el segmento de mayor valor a los productores locales, que ya luchan contra costos internos asfixiantes.
Finalmente, el factor cultural no da tregua: el consumo per cápita anual pasó de 23,8 litros en 2015 a apenas 15,77 en 2025. El auge de bebidas sustitutas, incluyendo opciones sin alcohol que ganan terreno en las nuevas generaciones, refuerza la vulnerabilidad del sector frente a contextos recesivos.
La industria vitivinícola argentina se encuentra ante un dilema político y económico: sin una recuperación real del poder adquisitivo, el sector corre el riesgo de consolidarse como un mercado de productos de bajo precio, comprometiendo la sostenibilidad de toda la cadena productiva.
