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PROVINCIALES

6 de marzo de 2026

Vendimia amarga: la crisis que el "relato" oficial no pudo ocultar

El Centro de Viñateros y Bodegueros del Este denunció una desconexión total entre las promesas del Gobierno y la realidad del campo. Advierten que la rentabilidad negativa está destruyendo el entramado social de Mendoza.

Mientras las luces de la Fiesta Nacional de la Vendimia comienzan a encenderse, el sector primario de Mendoza atraviesa una oscuridad profunda. El Centro de Viñateros y Bodegueros del Este lanzó un comunicado lapidario en el que califica la situación actual como una "crisis de rentabilidad negativa". No se trata de un simple bache económico; es, según los protagonistas, el final del camino para cientos de productores que ya no pueden sostener sus fincas.

La tensión escaló tras la reciente rectificación de las cifras oficiales. Luego de meses de sostener un discurso optimista sobre el volumen de la cosecha, el Gobierno de Mendoza y diversas entidades privadas debieron admitir lo que el Centro del Este venía gritando en soledad: la producción de uva caerá al menos un 17% respecto al año anterior.

"La realidad nos dio la razón", sentenciaron desde la entidad. Mientras los "cálculos de escritorio" vaticinaban abundancia, el relevamiento territorial de las bases ya marcaba un escenario crítico. Esta merma, provocada en gran parte por heladas y un estado de los viñedos que el oficialismo prefirió ignorar, impactará de forma inmediata en los precios y en la subsistencia de los pequeños bodegueros.

Tarifazos y potencia contratada: el socio que no produce

A la falta de uva se le suma un verdugo inesperado: la factura eléctrica. Los productores denunciaron la irracionalidad de los costos de energía, especialmente la obligación de pagar por una "potencia contratada" que no se utiliza durante gran parte del año. En un contexto donde el precio del kilo de uva se mantiene planchado —llegando a pagarse apenas $200, muy por debajo de los costos de producción—, el gasto operativo se vuelve impagable.

La crisis ya no es solo económica, es estructural. El abandono de fincas y el desarraigo de los jóvenes en las zonas rurales del Este mendocino son la cara visible de un modelo que parece haberle soltado la mano al eslabón más débil de la cadena.

Un mercado en "tormenta perfecta"

El escenario se completa con un desplome del consumo interno (que cayó un 12,5% según los últimos registros) y una pérdida estrepitosa de competitividad externa. El dato más alarmante: mientras el productor local regala su uva en señal de protesta, las importaciones de vino a granel —principalmente desde Chile— se multiplicaron, inundando un mercado que ya sufre por el sobrestock y la falta de políticas de fondo.

La vitivinicultura mendocina está en una encrucijada. Sin un cambio de rumbo urgente, la "tierra del sol y del buen vino" corre el riesgo de convertirse en un cementerio de viñedos abandonados, donde el brindis oficial sea solo un eco lejano de lo que alguna vez fue el motor productivo de la provincia.

 

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